La mansión Hassan, conocida por su sobria elegancia durante el día, se había transformado en un lienzo de pasión y tradición para la Kına Gecesi, la Noche de Henna. El gran salón de baile ardía con la iluminación rojiza de las velas y las lámparas de cristal tallado. Los tapices de terciopelo carmesí colgaban de las paredes, y el aire era denso con el aroma dulce y especiado de la henna, mezclado con notas de rosas y almizcle. Las invitadas, la élite de Estambul y la delegación de California, v