Pocos minutos después, el rubio se olvida que lo estaban observando y sonríe cuando sus recuerdos viajan con Sofi y la peculiar noche que habían pasado juntos.
—Ahora esos corazoncitos se ven más grande —habla el morocho, interviniendo en las cavilaciones del rubio. Ian le tira con una engrapadora, la cual Gaby alcanza a tomarla con la mano antes de golpearlo, pero pudo sentir el dolor al agarrarla—. Auch…
—No me jodas, Medina —advierte el rubio.
—Vamos, todo por unos putos corazoncitos. Prometo no decir nada.
— ¿No tienes trabajo que hacer?
—Nop —respondió elevándose de hombros con despreocupación.
—Ok —Ian recarga su espalda de nuevo contra el respaldo de su silla y se cruza de brazos—. ¿Qué carajo pasa con la “chica vampiro”?
—Nos va a metro el dedo en el culo.
—¿Es solo eso? —pregunta Ian.
—Si a ti te gusta que te metan el dedo en el culo, supongo que eso no debe ser suficiente —ironiza el morocho.
—No te hagas el gracioso. Sabe a lo que me refiero.
—No, la verdad no tengo ni la m