Los malditos rayos de sol que se colaban por la ventana de la habitación de Gaby, anunciándole un nuevo día y también, comenzando a molestarlo. Su despertador todavía no había sonado y eso quería decir que era más temprano de lo que se acostumbraba a levantar y de ninguna manera iba a hacerlo antes. Refunfuñando por haber olvidado de cerrar bien la ventana y apretando con fuerza los ojos, alcanzó las sábanas y se tapó hasta la cabeza. Cinco minutos más tarde suena el bendito despertador, vocife