Con paso rápido y seguro se encamina hacia el lugar de su propósito. Llega a donde es su espacio de estacionamiento y observa con detenimiento la estúpida Ducatti, se detiene frente a ella con los brazos cruzados y ladea la cabeza entrecerrando los ojos dándole una imaginan un poco diabólica. Después de un minuto, decide qué es lo que va a hacer con la bendita moto.
Con una sonrisa maliciosa llama a la grúa que los asisten a ellos, cobrándose la deuda que le debe el chófer de la grúa, lo insta a que se junte con él en el lugar del dichoso problema.
—¿Qué pasa, nene? —curiosea el recién llegado.
—Necesito que los remolques —responde señalando la Ducatti.
— ¿Es nueva? —indaga el hombre pensó que le pertenece al morocho ya que sabe de su fascinación las motocicletas.
— Ponele —se limita a contestar—. ¿Me vas a ayudar?
—Claro —Baja el gancho y la correa para luego amarrar la motocicleta—. ¿Dónde la llevo?
—Hemm… —Piensa unos segundos y luego lanza una mirada pícara y maliciosa—. Al depósi