.24.
Llegaron a un terreno plano, perfecto para poner las tiendas y la fogata. Alejandro sacó un montón de varillas de metal, una lona, estacas y un martillo. Al principio se mostró paciente con Olivia mientras le explicaba, pero pronto estaban discutiendo otra vez.
—¡Ya te dije que la metas y empujes, Olivia!
—¡Es la primera vez que hago esto, no me presiones!
—No es tan difícil.
—¡Es que tú ya tienes experiencia!
—¡Posiciónalo bien y mételo!
Manuel, quien cortaba leña para la fogata, les gritó.
—¡Ya cállense, maldición! ¡Pareciera que están hablando suciedades!
Alejandro bajó la cabeza y negó varias veces. Suspiró.
—Por última vez, Olivia. Mete la varilla en la lona y empuja para que la tienda se levante.
Al fin pudieron levantar la tienda. Ya fijada en el suelo, tenían un lugar para refugiarse por la noche. Olivia aplaudió feliz.
—De acuerdo, ya está. —Alejandro tomó de la mano a Olivia.— Ahora tenemos que hacer otra cosa.
Se alejaron un poco del campamento. Cuando llegaron a una zona l