ALESSANDRO
Cuando oí que un gemido escapó de la garganta de alguien, me volví para encontrarme con Leticia y entonces, una cruda realidad me atravesó el pecho sin contemplaciones: la amaba… la quería desde el mismo día en que la tuve entre mis brazos hace cinco años, y estuvimos a punto de consumar nuetsra pasión.
Creí que, con su actuar, el amor impetuoso que nació en mi pecho por ella se había apagado y convertido en odio. Pero la realidad era otra, muy distinta y solo ahora… ahora que segura