LETICIA
Habían pasado un par de días desde nuestra irritante discusión en el yate y el retraído estado de ánimo de Alessandro me resultaba insoportable. Me sentía apartada, como si no existiera para él.
Esa tarde, para evitar un incómodo y largo momento de toleración mutua, pasé un largo rato preparándome para la cena, tomando un baño de una hora y dedicando a mí pelo mucho más tiempo de lo habitual. Escogí un vestido gris que iba a tono con su estado de ánimo y, cuando bajé al comedor, el pad