Capítulo 128. Marcas
La puerta de la habitación se cerró suavemente detrás de ellos, aislando el bullicio de la celebración que aún resonaba en los pasillos del castillo. Las risas, los brindis y el murmullo de las conversaciones parecían pertenecer a otro mundo, uno lejano, ajeno al silencio cargado de intimidad que se instalaba entre ellos. La luna, alta en el cielo, derramaba su luz plateada a través de los ventanales, dibujando destellos sobre la piel de Alina mientras ella se despojaba lentamente de su vestido