Capítulo 129. Marianne
La noche había caído pesada sobre el castillo, y la luna colgaba alta, bañando la habitación con un brillo plateado. Alina y Devon dormían juntos, abrazados, aunque ella se movía inquieta bajo el calor de la piel de él, sus manos aferradas a las sábanas como si algo invisible la jalara hacia otra parte.
De repente, se encontró de pie en medio de un bosque oscuro. La niebla cubría todo a su alrededor y los árboles se retorcían como dedos, formando sombras que parecían observarla. Sus pulmones se