El aire de la noche era fresco, impregnado de la humedad del bosque y del murmullo lejano del río. Devon avanzaba lentamente, guiando a Alina de la mano, mientras la luna llena se alzaba majestuosa sobre el cielo despejado. Aquel lugar había sido un testigo mudo de sangre y dolor, pero también del instante en que su vida había cambiado para siempre.
Se detuvo, allí donde la hierba aún crecía desigual, como si la tierra guardara memoria de lo sucedido, justo frente a una choza escondida. Durante