Capítulo 100. Consecuencias
El aire en la mazmorra era frío y húmedo, un espacio oscuro y opresivo donde Alina yacía encadenada a la pared. La única luz provenía de una antorcha vacilante que arrojaba sombras danzantes sobre los muros. El silencio era pesado, roto solo por el sonido sordo de cadenas y suspiros de desesperación.
De pronto, la puerta se abrió con estrépito y apareció Soriana, su mirada llena de ira y determinación.
—¡Que la azoten! —ordenó con voz firme y cruel, mientras los soldados dudaban, mirándose entr