De un solo movimiento, me aparté lo más que pude de Donovan y me giré para enfrentar a la persona que había irrumpido en la oficina de mi mejor amigo.
El nerviosismo se me notaba de aquí a China; hasta un ciego se daría cuenta de ello. Y peor aún, Donovan lo había notado, pero no podía evitarlo. Mi tiempo se estaba agotando; ya no me quedaba más para vivir.
Con cada segundo que pasaba, era más difícil mantener mi mentira.
—Karina, ¿qué haces aquí? —El castaño decidió romper el silencio, tomando