Leonardo
Golpeo el saco con toda la fuerza que tengo. Las cadenas chirrían, el impacto me recorre los brazos, pero no es suficiente.
No borra lo que le dije. No deshace el error.
Respiro hondo, el pecho ardiendo, y vuelvo a golpear. Una y otra vez. Como si pudiera sacarme de la cabeza su mirada. Como si el ruido del cuero partiéndose pudiera ahogar la certeza que me pesa.
Ese día estaba desesperado porque sabía que iba a dejarme y me volví loco. Soy un p*to codicioso y egoísta.
Aprieto la mandíbula. He visto a demasiadas mujeres aceptar migajas disfrazadas de promesas. He visto cómo se venden por un apellido, por protección, por un lugar al lado del poder. Pero ella no.
Y aun así se lo he ofrecido. Cobardemente.
—Joder… —murmuro entre dientes antes de descargar otro golpe.
El saco se balancea con violencia. El sudor me cae por la espalda, me empapa la camiseta, pero la tensión no se va.
Gema no merece alguien como yo. No merece ser una opción escondida ni un error consentido. No me