GEMA
Despierto sobresaltada por la voz de Bel. Parpadeo varias veces y me doy cuenta de que ya no estamos en el bar. La habitación es extraña: paredes oscuras que parecen absorber la luz y muebles blancos que resaltan de manera inquietante, casi clínica. Me siento desorientada, incapaz de comprender cómo llegamos hasta aquí.
—¿Qué me ha pasado?—digo llevandome una mano a la cabeza.
—Perdiste el conocimiento—dice Bel con tono preocupado.
Miro a mi alrededor y ahí está él.
El hombre que apareció en el bar, sentado con una calma inquietante detrás de un escritorio. Su postura es relajada, casi arrogante, pero el aire que lo rodea me hace tensarme de inmediato.
—¿Qué ha pasado con el vampiro? —pregunto, tratando de mantener la voz firme, pero siento que tiembla un poco.
—Huyó.
—¿Por qué? —mi nerviosismo se escapa en un hilo de voz.
—Ni idea…
Bel se levanta de golpe, la ansiedad pintada en su rostro, y me lanza una mirada que no deja lugar a dudas.
—Vámonos de aquí.
—No puedes.
—Sí puedo —