GEMA
He sufrido mucho en esta vida. Mis propios padres me usaron como moneda de cambio para salvarse cuando luchaban contra los vampiros, y el vampiro que me crió no fue diferente, hizo exactamente lo mismo.
Aprendí a no esperar nada de nadie.
O eso creía.
Porque después entré en la Orden y, contra todo pronóstico, encontré algo que no sabía que existía. Amigos. Un lugar. Incluso a ese supervisor que me sacaba de quicio y al que juré odiar más de una vez… hasta que, sin darme cuenta, me enamoré.
Por primera vez, fui feliz.
Y ahora, después de enamorarme, sigo sufriendo. Estar separados, saber que nunca va a ser mío, verlo y no poder tocarlo… me rompe por dentro. El dolor me aprieta el pecho hasta dejarme sin aire cada vez que lo veo.
Cada vez que la veo con ella en el comedor, tengo que apartar la mirada o marcharme a mi dormitorio. No soporto quedarme allí fingiendo que no pasa nada, fingiendo que no me duele.
Ayer Kai se dio cuenta. Me vio afectada, demasiado. Me siguió sin decir na