GEMA
Entro al sótano junto a Bel y Elisabeth, y lo que veo allí me deja completamente muda, con el corazón encogido y las palabras atrapadas en la garganta.
—Leonardo…—murmuro.
Elisabeth me mira y después mira a su pareja.
—¿De verdad, Kevin? —pregunta Elisabeth.
Kevin se encoge de hombros y señala con un gesto despreocupado a Leonardo.
—Ha sido él. Nosotros solo hemos mirado…
La rabia me estalla en el pecho.
—¿Y os parece bien eso? —dice, sintiendo cómo le arden los ojos, como si fueran a lanzar chispas en cualquier momento.
Miro el cuerpo de Eugenio y me quedo sin palabras.
—Bueno… ha estado bien —responde el Alfa, con una calma que me resulta incomprensible.
—Hablamos después… —dice Elisabeth muy seria.
Kevin abre mucho los ojos al oírla y mira a Leonardo echandole en cara la situación, como si esa frase de Elisabeth fuera algo parecido a una sentencia de muerte.
Kain guarda silencio.
Busco a Leonardo con la mirada. Pero él está ausente, rígido, como si