LEONARDO
Lo intercepté en uno de los pasillos laterales de la Orden, cuando ya se dirigía a la salida. La maleta rodaba tras él, discreta, como si pudiera desaparecer sin levantar sospechas.
No le di tiempo a reaccionar. Un golpe limpio, preciso. Cayó inconsciente antes siquiera de pronunciar mi nombre y lo llevé al sótano de la manada.
En la Orden, ciertos métodos para hacer hablar a alguien están prohibidos.
La luz es tenue, húmeda, cargada de un olor metálico que se pega a la garganta.
Eu