LEONARDO
Salí de su dormitorio con una sonrisa de idiota que no me cabía en la cara.
Era plenamente consciente de que me había estado manipulando todo el tiempo y, aun así, me resultaba imposible negarle nada.
A ella no...
Y, bueno… la forma en que me tocaba, cómo hablaba, cómo me miraba… tampoco me ayudó mucho cuando intenté resistirme.
Lo haremos a su manera, sí. Al menos por ahora. Pero aunque por fuera me haya calmado, por dentro sigue latiendo algo más oscuro, más primitivo.
Una neces