LEONARDO
Salí de su dormitorio con una sonrisa de idiota que no me cabía en la cara.
Era plenamente consciente de que me había estado manipulando todo el tiempo y, aun así, me resultaba imposible negarle nada.
A ella no...
Y, bueno… la forma en que me tocaba, cómo hablaba, cómo me miraba… tampoco me ayudó mucho cuando intenté resistirme.
Lo haremos a su manera, sí. Al menos por ahora. Pero aunque por fuera me haya calmado, por dentro sigue latiendo algo más oscuro, más primitivo.
Una necesidad brutal de protegerla. De asegurarme de que nadie vuelva a ponerle una mano encima.
Me jode. Todo esto me jode más de lo que debería. Saber que te pasó algo así… y que yo no estuve.
***
Volvimos a bajar al sótano, aunque esta vez Bel y Gema nos acompañan.
Con Gema aún debilitada, no me costó adivinar que había sido ella quien le pidió a Bel que viniera: alguien debía mantenernos a raya y usar su magia si nos pasábamos de los límites.
Es una chica lista.
Eugenio está despierto. Sentado