GEMA
Camino por los suburbios hasta llegar al bar que Carlisle mencionó en la nota. Es un bar humano, y su olor es inconfundible: una mezcla de alcohol, humo y madera vieja que invade la calle antes de que cruce la puerta. Es extraño, nunca he entrado a un lugar así.
De repente, al inhalar profundamente, detecto un leve rastro de magia. Apenas se percibe, pero lo reconozco al instante. Lo ignoro; probablemente sea casualidad.
Entro al local y me dirijo a la barra, pidiendo algo para beber, intentando disimular mi presencia. Siento que alguien me vigila, pero descarto la idea; hay demasiadas miradas en este lugar como para fijarse solo en mí.
Sigo mirando aquí y allá pero nada parece fuera de lo común.
Los humanos a mi alrededor parecen pasarlo bien, riendo y comiéndose la boca.
De repente, un olor familiar llega a mis fosas nasales: un vampiro. Sigo el rastro con calma, disimulando. Un humano se acerca, intentando flirtear conmigo, pero me hago la tonta y paso de él.
Mis ojos no pier