GEMA
Salimos de la ducha envueltos en vapor y aroma a jabón, el agua tibia arrastrando consigo cualquier resto de tensión.
Nos recostamos en la cama envueltos en dos alboroces mullidos y me acuna contra su pecho firme, abrazándome con un calor que me hace sentir segura y frágil al mismo tiempo. Siento un rubor subirme hasta las orejas; la cercanía, la ternura de sus manos en mis caderas, me hace sentir expuesta, vulnerable… y, al mismo tiempo, extrañamente completa.
—Carlisle me ha liberado de la maldición —dice Leonardo—. Me dijo que había cumplido su misión… y, bueno, necesito estar en todas mis facultades. Ha vuelto a desaparecer un miembro de la Orden.
—¿Otra vez? —pregunto, alerta.
—Sí… —responde bajando un poco la voz—. Esto es confidencial. —Me inquieto; si me cuenta algo así, es porque confía en mí—. Pero en el último año, varios miembros de la Orden han desaparecido. La Orden lo está investigando, pero las pocas pistas que tenemos nos han llevado a callejones sin salida. Car