GEMA
Salimos de la ducha envueltos en vapor y aroma a jabón, el agua tibia arrastrando consigo cualquier resto de tensión.
Nos recostamos en la cama envueltos en dos alboroces mullidos y me acuna contra su pecho firme, abrazándome con un calor que me hace sentir segura y frágil al mismo tiempo. Siento un rubor subirme hasta las orejas; la cercanía, la ternura de sus manos en mis caderas, me hace sentir expuesta, vulnerable… y, al mismo tiempo, extrañamente completa.
—Carlisle me ha liberado de