Gema
Llegué al despacho de Leonardo sin anunciarme, pensando que estaría solo como siempre, enterrado entre informes. Pero antes de tocar, su voz baja me detuvo, estaba hablando… ¿de Bel? Me quedé quieta, con la mano suspendida en el aire, sintiendo cómo el corazón me daba un vuelco absurdo.
No tenía intención de escuchar —de verdad que no—, pero algo en mi interior me dijo que, si quería saber la verdad, tenía que quedarme y escucharlo, porque nadie me la iba a contar.
—Carlisle, dime la ver