LEONARDO
Desde que recibí el mensaje de mi padre, la simple idea de cenar en la casa familiar me daba náuseas. Pero aquí estoy, cruzando el umbral de una casa que, pese a ser mía, ya no se siente como tal, por eso duermo en la Orden.
Cuando entro al comedor, ya los veo sentados. Mi hermano menor, con esa sonrisa tranquila que siempre he envidiado un poco, y junto a él, Carolina… mi madrastra, la segunda esposa de mi padre. Apenas me dirige una mirada fugaz antes de volver a concentrarse en mi p