Bianca aparcó su auto frente a la escuela de Leo y salió con rapidez, sintiendo una mezcla de nervios y emoción en el estómago. Hoy tenía la intención de sorprender a Leo. A pesar de todo lo que había sucedido recientemente, se sentía más cerca de él y de Liam. La promesa que le había hecho a Leo, de no volver a dejarlo, resonaba en su mente cada vez que pensaba en él.
Al acercarse a la puerta de la escuela, notó que el ambiente estaba más tranquilo de lo habitual. Los niños solían estar en el patio jugando, y el sonido de sus risas llenaba el aire. Pero hoy no era así. Bianca frunció el ceño, sintiendo una ligera preocupación. Al entrar al edificio, se dirigió a la recepción donde una secretaria, una mujer mayor con gafas y una sonrisa cálida, la saludó.
—Hola, ¿cómo puedo ayudarte? —preguntó la secretaria amablemente.
—Hola, disculpe. Se supone que le daría una sorpresa a Leo al verlo a la hora de la salida, pero no lo veo por ninguna parte, ni a su papá —respondió Bianca, tratando