Bianca se encontraba en su despacho, con la mirada fija en la pantalla de su computadora, intentando concentrarse en el informe financiero que tenía delante. Era uno de esos días interminables en la oficina, donde el trabajo parecía multiplicarse con cada segundo que pasaba. Sin embargo, su mente no dejaba de divagar hacia otros pensamientos, especialmente hacia Liam y Leo. Desde su última conversación con Liam, no podía sacudirse la sensación de que las cosas estaban empeorando para él.
Un suave golpe en la puerta interrumpió su ensimismamiento.
—Adelante —dijo Bianca, apartando la mirada de la pantalla.
La puerta se abrió, y Clara entró, con el ceño fruncido y una expresión seria en su rostro. Bianca sintió una punzada de preocupación al verla; Clara nunca era alguien que se perturbara fácilmente.
—Bianca, tenemos que hablar —dijo Clara sin preámbulos, cerrando la puerta detrás de ella y acercándose al escritorio.
—¿Qué pasa, Clara? —preguntó Bianca, notando la tensión en la voz de