Mientras Bianca se dirigía a la puerta, Leo la siguió, emocionado por la inminente llegada con un par de pastelitos, por suerte aun era temprano, podrían hacer alguna actividadoara gastar esa azúcar, porque de lo contrario, Leo no dormiría en toda la noche.—Voy contigo, Bianca. Puedo ayudar a escoger —dijo Leo, con su energía infantil desbordando entusiasmo.—Está bien, pequeño. Pero tienes que prometerme que serás bueno y que no correrás por la tienda, ¿de acuerdo? —le dijo Bianca, sonriendo ante su inocencia.Leo asintió vigorosamente, y Liam no pudo evitar sonreír al ver cómo su hijo se llenaba de alegría. Mientras salían, se sintió más aliviado que en mucho tiempo. Había algo especial en la forma en que Bianca interactuaba con Leo, como si supiera cómo ser la calma en medio de la tormenta.Mientras cerraba la puerta, Liam tomó un momento para respirar hondo. Sabía que la vida como padre soltero no sería fácil, pero el hecho de tener a alguien como Bianca a su lado lo hacía sentir
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