—¡Yo iré por el documento!—No pudo evitar una sonrisa burlona escapar de sus labios.
—Oscar. ¿Recuerdas qué sucedió la última vez?—Oscar boqueó igual que un pez fuera del agua, sacando una risita al pelinegro.
—Tienes razón. —Los ojos del chico brillaron de vergüenza y Liam negó mientras trotaba a la sala de impresión.
No le tomó mucho tiempo antes de volver y presenciar a su hijo siendo mimado de sobremanera, sin embargo Oscar se había mantenido a un lado, luciendo un poco extraña.
—Aquí están, disculpa la demora. Prometo que no volverá a pasar.— Hizo una reverencia mientras ofrecía la carpeta. Odiaba sentir que hacía mal su trabajo. Los errores eran algo que le aterraban y aún así era campeón olímpico en cagarla.
—Oh, no. No digas nada de eso. Está completamente bien. Espera aquí mientras le entrego esto a Bianca…
Eso fue como pegarse con una piedra en el pecho.
Pero Liam siguió sonriendo.
—Adelante, no iré a ningún lado.
Oscar se quedó quieto por unos segundos.
—A-Ahora que lo recu