El adulto caminó hasta el estacionamiento con el chaleco en el brazo. De forma disimulada, Leo tocó sus brazos sintiendo frío a pesar del sol primaveral. Rodó los ojos y extendió la prenda al pequeño, quien la aceptó en silencio. Liam comenzó a manejar.
—¿A dónde vamos?
—A un lugar.
—¿Está lejos?
—Mucho.
—¿Cuánto falta?
Su mano apretó con fuerza el manubrio. El encuentro con Bianca le tenía demasiado irritable, y solo empeoraba con la ausencia de la chica, quien (a pesar de no tener pruebas) se