KOSTAS.
La decisión está tomada. La furia de los Mancini y la lógica helada de Nick me han forzado a usar la cabeza. No puedo lanzarle la bomba de Herodes sin un colchón. Necesito tacto, algo que rara vez uso. Por eso, esta cena.
He preparado todo en el salón principal de la villa, asegurándome de que sea íntimo. La mesa es pequeña, cubierta con un mantel de seda oscura. He encendido velas y la luz es tenue, suave. Las copas de cristal esperan el vino. No es una cena de disculpa, es una cena de