MELISA
Me despierto. No recuerdo cómo llegué a la cama, pero el sol que se filtra por las cortinas de seda me dice que ya es de día. Mi cabeza se siente pesada. Llevo mi mano a la frente, y la siento. Algo no está bien.
Las imágenes de la noche anterior me golpean como puños. No puedo ver el rostro, pero puedo recordar el momento en que el guardaespaldas de Kostas estaba llorando, y puedo recordar la desesperación en sus ojos. Y luego, el sonido. El sonido del disparo. El sonido de mi propio gr