MELISA
El dolor que me invade es una marea helada, tan profunda que no puedo respirar. Siento un vacío que creí inimaginable, un abismo en el centro de mi pecho donde antes latía su presencia. Jamás pensé que perder a mi abuela, la única familia que me quedaba, podría generar esta sensación de desolación absoluta. Es una herida que no tiene fin.
Miro al cielo, las nubes grises se cierran sobre mí. Y entonces, una gota de lluvia solitaria cae sobre mi mejilla, mezclándose con mis propias lágrima