MELISA
Al salir, la luz del pasillo me revela el desastre: mis manos, mi albornoz, y la parte inferior de mi pijama están manchados con la sangre de Nick.
Desvío mi camino. En lugar de ir hacia la escalera, me dirijo a mi propia habitación. Lo hago a toda prisa, sintiendo la urgencia de la crisis pisándome los talones.
Cierro la puerta tras de mí, más por costumbre que por privacidad. Arrojo la ropa sucia a la canasta y me acerco al lavabo. Abro el grifo con fuerza y me lavo las manos con jabón