KOSTAS
El aire en mi despacho se siente tan pesado como el plomo. Ha pasado una semana desde que escuché aquella conversación fragmentada, una semana de insomnio y análisis obsesivo. Me recuesto en el respaldo de mi sillón de cuero, y el sonido de la lluvia azotando los cristales es un metrónomo lúgubre para mis pensamientos.
Aún no tenemos datos contundentes. Mi gente busca sin descanso, hurgando en registros, fechas y viejos documentos, pero la verdad sobre Melisa y Herodes sigue oculta. Nece