KOSTAS.
La palabra me golpea como una ducha fría. Información. La verdad. La posible confirmación sobre Melisa y Herodes. El deber, el control, mi armadura... todo regresa de golpe, brutal e inoportuno.
Melisa se aparta de mí, sus ojos brillando con frustración y una mezcla de miedo por la interrupción. Está tan mojada y despeinada, tan perfecta en su vulnerabilidad salvaje.
—Tienes que ir —susurra ella, ajustándose la ropa interior con un movimiento brusco.
Maldigo en voz baja. El impulso es a