KOSTAS.
El efecto es inmediato. Nick se congela. No parpadea una sola vez. Su rostro, normalmente el de un jugador de póker inmutable, se vuelve una máscara de incredulidad y horror. Su vaso de whisky, a medio camino de sus labios, se detiene abruptamente.
—Kostas… —su voz es un hilo, apenas audible, pero con un filo de alarma que nunca le había escuchado—. Estás hablando de la Sacra Corona Unita. La mafia de Apulia.
—Escucha con atencion —lo corto, mi urgencia creciendo—como todos aquí, sabes