La habitación estaba en completo silencio, excepto por nuestras respiraciones. Isabelle seguía atrapada entre la cama y mi cuerpo, su mirada fija en la mía, como si estuviera atrapada en un dilema interno.
Podía verla resistirse. Podía ver la lucha en sus ojos, el dolor, la confusión... y algo más. Algo que se negaba a admitir, pero que yo reconocía demasiado bien.
Deseo.
—Dímelo, Isabelle. —Mi voz sonó más ronca de lo que esperaba—. Dime que no sientes nada por mí y me iré.
Ella apretó los lab