—¡Liliana! ¿Dónde estás?
—No lo sé, él me secuestro.
—¿Quién?
—¡Azael! Espera, yo, te enviaré la dirección.
Liliana le envió su ubicación, mientras la mujer estaba revisando por la mirilla de la puerta.
Comprobó que era un vecino.
La mujer salió y se encontró con el hombre.
—¿Qué pasa, vecino?
—Escuché unos gritos, y el sonido de la ambulancia que venía del faro, parece que algo malo está ocurriendo, pero quería saber si usted tenía conocimiento de algo.
La mujer estaba nerviosa.
—No s