Demian llegó a ese hospital, uno de sus guardias le informó que ese hombre estaba ahí.
Pronto supo en que habitación hallarlo, logró colarse, sobornó a varias enfermeras, hasta poder entrar.
Entró despacio y mirò al hombre ahí, recostado, débil y con el ojo parchado, le dijeron que había perdido el ojo izquierdo.
Demian no pudo evitar sentir que se lo merecía, se acercò muy despacio, casi sin respirar, ni siquiera quería hacer ruido, se puso delante de él.
Lo apuntó con el arma.
Azael Salva