«Demian… no es mi benefactor. ¿Con quien he estado viviendo todo este tiempo? ¡él es un monstruo! ¡Tengo tanto miedo! ¿A quien le entregué mi corazón?», pensó Liliana, sintió su cuerpo trémulo.
Cuando la puerta se abrió, bajó la mirada, pestañeó rápido, recuperando no solo el temple, también evitó que las lágrimas salieran por sus ojos, tragó saliva, respiró profundo sin ser vista.
—¡Hermana Tessa, espere! —exclamó Demian, saliendo tras la mujer, hasta que vieron a Liliana ahí parada frente a