—¡Esa m*****a rata! Lo pagará caro —sentenció
Azael estaba por irse, cuando escuchó la voz de su madre que lo detuvo, él se giró a mirarla.
—Hijo, por favor, ¿Qué haces? ¿A dónde vas? Mira cómo estás, no eres ni la sombra de lo que antes eras, debes volver, necesitas ayuda, te hice una cita con un buen terapeuta, él te ayudará a enfrentar tu duelo de una forma sana.
Paulina se acercó a su hijo, intentó tocar su rostro, pero su hijo le empujó la mano.
—¡No me toques! ¿Qué tonterías dices? ¡Mi