—No digas eso, tú no eres ningún demonio, ningún monstruo, ¡eres el hombre que amo! Yo veo en ti a un gran hombre —ella acarició su rostro, su mirada era tan brillante como la de una estrella—. Te amo, así que olvida las ideas absurdas, ahora eres mío.
Él sonrió, besó sus labios con ternura, observaron la noche, decidieron ir a dormir.
Se levantaron, él cargó a Carlitos, lo arrulló y lo llevó a dormir a una de las habitaciones, lo cobijó bien, besó su frente, Demian sonrió al ver que dormía en