Valentín me dejó en mi casa. Todo el esquema de seguridad se quedó afuera, vigilando mi hogar, y después que recibí al pequeño Elián en mis brazos, me quedé sentada en el mueble con el líder de La Navaja Suiza en silencio.
— Lo siento — dijo después de un rato — . Siento que debes… tenido que ver a tu hermano así.
— Tú lo conociste bien.
Él simplemente se encogió de hombros.
— No mucho. No interactuamos mucho, la verdad.
Pero yo podía notar, comúnmente, hacer de todo. El hombre mentía, yo p