Me quedé un largo rato ahí sentada entre el césped, hasta que el sol comenzó a ponerse por el horizonte y el atardecer pintó el cielo de colores pasteles. Y entonces el frío comenzó a llegar al pequeño cementerio.
Cuando me puse de pie, tenía todo el cuerpo entumecido porque había pasado muchas horas ahí sentada. Tal vez una hora, hora y media, no lo supe. Había pensado muchísimas cosas. Mi mente había divagado una y otra vez en la cantidad de problemas que se amontonaban sobre mí. No pude evit