84°

Me quedé un largo rato ahí sentada entre el césped, hasta que el sol comenzó a ponerse por el horizonte y el atardecer pintó el cielo de colores pasteles. Y entonces el frío comenzó a llegar al pequeño cementerio.

Cuando me puse de pie, tenía todo el cuerpo entumecido porque había pasado muchas horas ahí sentada. Tal vez una hora, hora y media, no lo supe. Había pensado muchísimas cosas. Mi mente había divagado una y otra vez en la cantidad de problemas que se amontonaban sobre mí. No pude evit
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RufinaProhibido tendrían que estar publicadas novelas no terminadas. Y que siempre vuelvan con el hombre qué les hizo tanto daño.
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