Había pasado un rato. Los hombres parecían que se habían calmado y dejaron su extraña discusión, pero estaba segura de que la noche ya había caído porque el almacén estaba bastante oscuro. La pantalla de mi teléfono seguía iluminándose de vez en cuando. Pero al menos ya sabía que tendría que esperar ahí toda la noche. Los hombres querían crear expectativa, asustar a las personas que estuvieran esperando mi llegada a casa, para asustarlos un poco más, para asustar más a Nicolás y que facilitara