—Es un juego peligroso —eso era lo que había dicho Valentín.
Y claro que lo era.
Cuando afirmó que yo todavía seguía enamorada de Nicolás, no pude evitar sentir... El comedor se llenó de un intenso ambiente. Quise refutar aquella afirmación, decirle que él no sabía, que yo ya no seguía enamorada de Nicolás, que yo lo odiaba por todo lo que él me había hecho.
Pero, sinceramente, yo estaba segura de que no podía refutar aquella información.
Y pude ver el rostro cincelado de Samuel contraerse en u