Había recibido un correo electrónico esa mañana. Y sí, era inmediato. O sea, Nicolás me había prácticamente *ordenado* descansar ese día. Seguramente, con el atentado de la noche anterior, imaginaba que no tendría las fuerzas ni las energías para presentarme a trabajar al día siguiente. Y lo cierto es que, a pesar de todo, tenía razón. No quería ir a trabajar ese día.
Lo único que hice fue quedarme en la cama con mi pequeño Elian hasta tarde. Había tenido terribles pesadillas durante toda la no