—Me estiré —y sujeté por el hombro a Samuel—.
Pero él me apartó, poniéndose de pie y caminando por la sala.
—Sabía que no debía decírtelo…
—¡Claro que debes decírmelo! —le respondí—. Se supone que ahora vamos a comenzar a trabajar juntos, ¿no es así? ¿Qué es lo que harás?
—Pues, para empezar, averiguar sobre él. Simplemente… tampoco es como que vaya a decir: “Esta misma noche voy a hablar con el líder de la Navaja Suiza”.
Pero él me miró, cerrando los ojos.
—No te conozco lo suficiente, pero cr