Isidora contuvo el aliento. Podía sentir, desde la distancia en la que estaba, cómo su corazón había comenzado a latir con muchísima fuerza. Apreté a mi bebé en mi pecho al ver la escena que tenía frente a mí.
Isadora dio dos pasos al frente, despacio, como si incluso le costara caminar. Probablemente le costaba incluso respirar. Ni siquiera quise preguntar, pero nada más quedó obvio: no había visto al padre de Nicolás desde que había entrado en aquel estado. Llegó hasta donde él estaba, en