MOLLY DAVIS
En mitad de la noche algo perturbó mi sueño. Abrí lentamente mis ojos y sentí el peso del brazo de Alexei, que incluso durante la noche siempre estaba al pendiente de mí. Vi su rostro iluminado por la luna que se escabullía por el ventanal, parecía tan tranquilo. Entonces lo recorrí con la mirada, llegando a su espalda. Aún había algunas heridas en ella que habían sido tan profundas que parecían frescas.
Pensar que cada latigazo que recibió fue a mi nombre me retorcía el corazón.