LUCIEN BLACKWELL
Llegué a la dirección indicada. Alcé la mirada mientras veía la inmensidad de la propiedad. Era una residencia psiquiátrica abandonada. El letrero colgaba como una guillotina a punto de cercenar mi cabeza, sobre las puertas entreabiertas y desvencijadas. Cuando empujé una, chirrió como si estuviera matando a un gato.
Volteé a mi alrededor, asegurándome de que nadie me hubiera escuchado, pero era imposible pues la civilización había quedado muy atrás. La casa más cercana a este