DAMIÁN ASHFORD
Llegamos hasta las incubadoras, me dio una bata quirúrgica desechable y me acercó a la incubadora indicada. La niña era muy pequeña y tenía sensores pegados a su cuerpo. Se removía como un gatito con frío y hacía pucheros, resentida por la ausencia de su madre.
Tenía un algodoncillo negro cubriendo su cabeza. Había heredado el cabello de su madre. Me senté a su lado y metí las manos con cuidado. Cuando me sintió, sus labios dejaron de temblar y sus ojos se abrieron apenas. Eran